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Ingeniero en Industrias Alimentarias de la Universidad Nacional Agraria La Molina, pero que se dedica a un montón de cosas, como escribir en sus ratos libres. Gusta de política, economía, fútbol, música, entre otros. Hobby principal: investigación histórica, principalmente a la Guerra con Chile, aunque también investiga sobre el desarrollo de las empresas peruanas en la actualidad. Es coautor del libro "La Última Resistencia. La batalla en el Morro Solar de Chorrillos el 13 de enero de 1881". Si desean adquirirlo, escribir al e-mail elinaresm@hotmail.com

domingo, 18 de enero de 2009

La Ocupación de Guayaquil



Durante la guerra que Bolívar le declaró al Perú, una de las victorias peruanas más importantes fue la ocupación de Guayaquil, cuya plaza se rindió a la Marina de Guerra del Perú después de un bloqueo de casi 3 meses.


En los combates de Guayaquil había muerto el vicealmirante Guisse el 24 de noviembre de 1828, pero el bloqueo de Guayaquil no aflojó y el puerto empezó a ser abandonado. El coronel colombiano Daniel O’Leary escribía:

“Guayaquil es un desierto. No se ve en la calle una persona decente; sólo las familias de la viuda y de las Garaycoas están aquí” (1).
(Imagen: José Boterín. Pintura del Museo Naval del Perú “Capitán de Navío Julio J. Elías Murguía” )

La escuadra peruana que bloqueaba Guayaquil se componía de 3 buques: la fragata Presidente, la corbeta Libertad y la goleta Peruviana. Todos estaban al mando del teniente 1° José Boterín, el marino más joven que se ha hecho cargo de la escuadra en la historia de la Marina de Guerra del Perú.

Los colombianos contaban con la goleta Guayaquileña y los bergantines Adela y Potrillo. El 6 de diciembre de 1828, los colombianos pusieron a flote dos brulotes para hundir a los buques peruanos, utilizando dos pequeñas naves llamadas Serafín y Caupolicán. El resultado fue desastroso como lo escribió O’Leary:

“Nuestros brulotes se convirtieron en burlotes. Pasé dos malas noches a bordo, pero sin objeto. Uno de los brulotes se fue a pique, los prácticos que debían conducirlos se echaron al agua aterrorizados, creyendo que el diablo se los iba a llevar” (2).

El 15 de diciembre Boterín envío una expedición al Morro con un oficial y 12 soldados para sorprender al Comandante Militar y 8 soldados, logrando que se subleve todo el pueblo a favor de Perú, formándose una montonera con 100 hombres armados sólo de lanzas (3).

Bolívar decidió reforzar la escuadra colombiana en Guayaquil, pero era muy tarde. El 6 de enero de 1829 le escribía a Paéz:

“La fragata Colombia debe haber salido el 13 de diciembre de Cartagena para Puerto Cabello. Allí debe ser socorrida de todo lo necesario para un viaje de 6 meses y debe salir en convoy con un bergantín de guerra perfectamente equipado” (4).

Para el 11 de enero de 1829, la guarnición colombiana de Guayaquil se había reducido al batallón Ayacucho y dos compañías de artillería (5). Esto se debía a que la situación se complicaba en Guayaquil por la falta de víveres y por la invasión a territorio colombiano por el Ejército del Perú al mando del Presidente La Mar. Para esa época, la escuadra peruana fue reforzada por los siguientes buques: la corbeta Pichincha, bergantín Congreso y la goleta Arequipeña, además contaba con 8 lanchas cañoneras.

El 15 de enero, Daule se subleva a favor de Perú. Los rebeldes Domingo Iglesias y el capitán Avellanet matan al Comandante Militar Luis Dávalos. Las fuerzas sutiles peruanas pasaron a situarse en las embocaduras de los ríos Daule y Babahoyo.

Boterín intima el 13 de enero la rendición de Guayaquil a su Intendente, el general Illingworth, marino británico al servicio de Colombia. Este envía a Boterín dos parlamentarios: los coroneles Manuel Antonio de Luzurraga y Juan Ignacio Pareja. El 19 de enero arribó a Guayaquil el capitán de navío Hipólito Bouchard en la fragata transporte Monteagudo mientras continúan las conversaciones en la goleta Arequipeña. Bouchard había sido nombrado como Comandante en Jefe de la escuadra peruana en reemplazo de Guisse. Al final, la noche del 19 se acuerda un armisticio de 10 días, dentro del cual, si ninguna de las partes tenía noticia de una batalla entre los ejércitos de Colombia y Perú, las fuerzas colombianas abandonarían Guayaquil. El acuerdo fue ratificado el 20 de enero por Hipólito Bouchard y Juan Illingworth. Como no llegó ninguna noticia a la ciudad, Illingworth se retiró con sus fuerzas, conformadas por el batallón Ayacucho y parte del batallón Girardot, este último llegado en los últimos días, hacia el norte por la vía del Daule.

Illingworth escribió en su parte al general Juan José Flores lo siguiente:

“En tan críticas circunstancias; cortados todos los recursos, y la comunicación de los pueblos, sin poder rescatar ni un solo soldado por las continuas amenazas enemigas, temiendo la introducción de armas y de la oficialidad de la tercera División, me vi precisado a oír la última invitación del jefe enemigo, a fin de entrar en una transacción que me diese el tiempo necesario, bien para salvar esta guarnición, bien para disminuir los nuevos peligros que me rodeaban; y como cada hora se producían eventos que angustiaban más y más mi situación, no fue posible conseguir otras condiciones, que las que constan en el convenio que en copia tengo que acompañar a usted” (6)

La ocupación de Guayaquil por la marina peruana fue el golpe más rudo que recibió Colombia en esta guerra. Al respecto, Daniel O’Leary escribió lo siguiente:

“La pérdida de Guayaquil nos ha acarreado grandes males; pero era una consecuencia natural de nuestra falta de marina en el Pacífico. Ahora no es tiempo de llorar las faltas que hemos cometido. Pensemos sólo en remediarlas. La posición geográfica del Perú desde un punto de vista militar, es tan superior a la nuestra, que sin exageración puedo decir que la derrota de su ejército le será menos perjudicial que la victoria a nosotros” (7).

Esta victoria peruana está olvidada, pero se debe saber que fue uno de los primeros triunfos en guerras internacionales que tuvo Perú y que los nombres de José Boterín, Manuel Sauri, Juan José Panizo, José María Salcedo, Francisco Forcelledo, Elcorrobarrutia y otros jóvenes marinos deben ser recordados en el futuro por su valeroso logro.

Notas
(1) Daniel Florencio O’Leary. 1952. Memorias del General O’Leary, T. III, pp. 429 – 430. Carta de O’Leary a Sucre del 6 de diciembre de 1828.
(2) Ibídem.
(3) Félix Denegri Luna. 1976. Historia Marítima del Peru, T VI, pp. 238 – 239. Parte oficial de José Boterín al Secretario General.
(4) Mariano Sánchez Bravo. 2004. Historia Marítima del Ecuador, T. XI, Primera Parte, p. 157.
(5) O’Leary, Op. Cit., pp. 438 – 440. Carta de O’Leary a Bolívar del 11 de enero de 1829.
(6) Sánchez, Op. Cit., pp. 158 – 159. Parte oficial del Comandante General de Guayaquil al Jefe Superior del Sur de Colombia.
(7) O’Leary, Op. Cit., pp. 445 – 447. Carta de O’Leary a Estanislao Vergara del 21 de febrero de 1829.

miércoles, 14 de enero de 2009

El Grupo Brescia anuncia millonaria inversión en Petroquímica


El Grupo Brescia tiene una larga historia de inversión en la industria química. Fue en 1987 cuando la norteamericana The Marmon Group, dueña del 32,32 % de Explosivos S.A., la más importante productora de explosivos para la minería y con la división de soldaduras Oerlikon, vende su participación a los hermanos Baertl, entonces principales accionistas de Milpo, y a los hermanos Brescia. Pedro y Mario Brescia Cafferata ingresan al Directorio en 1987 y Mario ocupa la Vicepresidencia.

En 1994, el grupo Brescia compra el 35,96 % de Explosivos S.A. a los grupos Baertl, Montori, Wiese y otros, con los que llega a ser dueño del 60% del capital social, mientras que Valores Lurín, subsidiaria de Explosivos S.A., compró el 9% de su matriz. Pedro Brescia asume la presidencia del Directorio, renuncian 9 directores e ingresa la nueva generación de la familia, además que la empresa cambia su razón social a Exsa S.A.

En 1999, Exsa participa con el 49% del capital social de ALW Pacífico S.A., que comercializa en la región occidental de Sudamérica implementos de soldadura Oerlikon. Esta empresa abre una subsidiaria en Chile el 2000, llamada ALW Chile S.A., dedicada a la comercialización de las soldaduras Oerlikon y explosivos que fabrica Exsa. Para el 2002, Exsa llega a tener el 97,67% de esta empresa en Chile. El 2007, Exsa decide fusionar su subsidiaria Valores Lurín con su División de Soldaduras, creando una nueva subsidiaria con el nombre de Soldexa S.A. para la venta de soldaduras.

En octubre del 2001, Exsa gestionó un préstamo con el Banco Continental, en donde el Grupo Brescia lo controla mediante un joint venture con el BBVA, a 6 años para cancelar en abril del 2002 la obligación que mantenía en el Banco de Crédito del Perú, pues con ese banco gestionó un préstamo en octubre del 2000 por US$ 12 millones a 7 años para reestructurar los pasivos financieros de la empresa.

A consecuencia del boom minero, Exsa tuvo un extraordinario crecimiento por las ventas de explosivos y soldaduras marcas Oerlikon y Fontargen, exportando a Chile, Canadá y Estados Unidos. Lamentablemente, el 17 de setiembre del 2003 tuvo el peor accidente de su historia: hubo una gran explosión en la planta, falleciendo 4 trabajadores

Desde fines del siglo pasado, el grupo Brescia había pensado en instalar una planta de nitrato de amonio, insumo que se utiliza para la fabricación de explosivos, que en su mayoría es importado, pero recién en el 2002 lo llevó a etapa de proyecto debido al boom minero. Para esto, Exsa creo una subsidiaria llamada Nitrocorp S.A.C., que realizaba el estudio y promoción para instalar la planta utilizando gas de Camisea, con una inversión estimada de más de US$ 100 millones, buscando un socio estratégico que aporte tecnología y know how.

En estos últimos años, Brescia siguió comprando acciones de Exsa para tener el control total. Revisando las actas de la Junta General de Accionistas, en el 2001 Brescia tenía el 62,65 % y el 2005 ya tenía el 70,70 %. En setiembre del 2005, Juan Miranda Costa vende el 11,80 % de Exsa a Brescia en S/. 15,4 millones, llegando Brescia a tener el 88,85 %, que sumado al 9,18 % que tenía una de sus subsidiarias, se puede decir que Brescia ya tenía el control total de la empresa.

Ahora, este 14 de enero, el Presidente Alana García ha anunciado que el Grupo Brescia y el Grupo Sigddo Koppers de Chile invertirán US$ 650 millones en los próximos para la construcción de una planta petroquímica en nuestro país para la producción de nitrato de amonio y amoniaco. Es importante este anuncio, porque se hace en medio de una crisis financiera internacional y es de suponer que gran parte de los recursos ha invertir serán propios, además de las fuentes de empleo que se generarán.

Bibliografía
Bolsa de Valores de Lima. 1987-2000. Vademecum Bursátil. Varios números.
Exsa S.A. 2003-2005. Memorias Anuales y Notas a los Estados Financieros Consolidados.
Malpica, Carlos. 1992. El Poder Económico en el Perú, T. III. Lima.
Romero, Boris. 1998. Las 5389 Empresas Líderes. Lima: Editorial Síntesis
Vásquez, Enrique. 2002. Estrategias del Poder: Grupos económicos en el Perú.

lunes, 12 de enero de 2009

Combate naval de Casma




Este combate naval fue la última acción naval en la guerra contra la confederación. (Derecha: Imagen de la página web de la Armada de Chile)

La escuadra confederada estaba conformada por un grupo de corsarios contratados por Andrés de Santa Cruz.
Estaba al mando del francés Juan Blanchet y conformada por la corbeta Edmond (buque insignia, artillado con cuatro cañones largos de a 24 libras, uno de a 18, doce de a 12 y ocho colizas de a 8), la goleta Shamrock (artillada con cuatro cañones de a 12 libras y seis colizas de a 8), la barca Mejicana (no se sabe cuantos cañones tenía) y el bergantín Arequipeño (un cañón largo de a 24 libras, otro largo de a 12 y cuatro cañones de a 9), este último capturado a la escuadra restauradora el 27 de noviembre de 1838.

El 10 de enero de 1839, la escuadra restauradora, conformada por las corbetas Confederación (buque insignia, artillada con 22 cañones de a 12 libras) y Valparaíso (artillada con 20 cañones de a 12 libras), la barca Santa Cruz (artillada con 20 cañones) y el transporte Isabella, arriba a Casma con el propósito de recoger leña. Toda la división estaba al mando del capitán de navío Robert Wintrop Simpson, inglés al servicio de la Armada de Chile.

Al mediodía del 12 de enero de 1839, un vigía apostado en la altura dio aviso de velas en el horizonte. Simpson decidió subir al cerro, pero a medio camino regresó por la fatiga. El viento favoreció a los restauradores, dándoles tiempo de resistir el ataque. Los buques restauradores tomaron la siguiente posición: la Confederación de avanzada al frente, la Valparaíso al norte y la Santa Cruz al sur, todos formando un triángulo.

Hacia las 4 pm, el Arequipeño, al mando del francés Enrique Silvester, se destaca de la escuadra confederada y entra a la bahía a reconocer a los buques enemigos para después reunirse nuevamente con el resto de su escuadra. Silvester antes del combate, se había emborrachado con sus marineros.

El Edmond y el Arequipeño se lanzan al ataque sobre la Confederación y abren fuego a distancia de tiro de fusil (unos 180 m). El Arequipeño fue a toda velocidad y le rompió la jarcia del trinquete a la Confederación y la Edmond le deshizo todo el aparejo de proa. La Mejicana y la Shamrock hicieron fuego sobre la Valparaíso.

Durante el combate murió Blanchet y toda la tripulación se desmoralizó. Todos los tripulantes se arrastraron al entrepuente, con excepción del cocinero del barco, que disparó un cañón cargado hasta la boca y luego condujo el barco en la bahía para retirarse. El Arequipeño después quedó enredado con la Santa Cruz y se entabló un nuevo combate.

Después de hora y media de combate, se retira la escuadra confederada, dejando atrás al bergantín Arequipeño. Este buque tuvo entre sus muertos a su comandante y otros 13 de su tripulación, además de 70 prisioneros.

Los buques restauradores quedaron tan maltrechos por el combate que no fueron capaces de emprender la persecución al resto de los buques confederados, pero la muerte de Blanchet y la recuperación del Arequipeño les da la victoria a ellos.

A pocas millas al sur de Casma, los buques confederados encontraron un nuevo buque bien armado y tripulado al mando del teniente de la Armada Francesa M. Cochon que había desertado. Los jefes corsarios estaban reunidos en la Edmond acordando un plan para regresar a Casma, pero llegó un navío francés al mando de Fleury, Jefe de Cochon, exigiendo la entrega de su oficial desertor, obligando a los corsarios a regresar al Callao. Antes de arribar a ese puerto, los corsarios salvaron a Cochon en un bote.

En el Callao, los buques corsarios fueron desarmados e hicieron rumbo a Guayaquil con bandera francesa.

Este hecho marcó el fin de la Campaña Naval en la guerra que chilenos y peruanos emprendieron contra la confederación.

Bibliografía

Búlnes, Gonzalo. 1878. Historia de la Campaña del Perú en 1838. Santiago.

Denegri Luna, Félix. 1976. Historia Marítima del Perú. Lima: Instituto de Estudios Histórico Marítimos del Perú.

Vegas García, Manuel I. 1929. Historia de la Marina de Guerra del Perú. Lima.

jueves, 1 de enero de 2009

El default de la deuda externa peruana de 1879

Por: Ernesto Linares

El 1° de enero de 1879, Perú entró en default con su gigantesca deuda externa. No fue más que la máxima expresión de la terrible crisis económica que entró Perú desde 1872.

Su principal deuda era por los bonos emitidos de la siguiente manera en libras esterlinas:
Este default fue bastante perjudicial para Perú. El país quedó sin crédito externo, siendo esta una de las razones por las cuales se tuvo una terrible derrota en la guerra con Chile, pues sin crédito externo fue muy difícil la compra de armamento, el pago de los soldados y atender las diferentes necesidades del país. La prensa europea se dedicó casi diariamente, a este problema en diciembre de 1878[1], cuando ya era evidente que Perú no podía honrar sus compromisos con sus acreedores.

A continuación, una revisión de los antecedentes que nos llevaron a esta situación.

Las cuotas de los bonos emitidos por el gobierno peruano se pagaban depositando en el Banco de Londres lo cuota correspondiente al 1° de enero y 1° de julio de cada año, y la última vez que había pagado intereses y amortización fue el 1° de julio de 1875 a través del Contrato Dreyfus. Como no se amortizó ni se pagó los intereses correspondientes al 1° de enero de 1876, el gobierno peruano entró en tratos directos con un grupo de tenedores de bonos, agrupados en el Committee of Peruvian Bondholders ó Comité de Tenedores de Bonos, presidido por Sir Charles Russell, para ver la mejor manera de cancelar los bonos peruanos. Este comité llegó a un acuerdo bastante ventajoso para Perú, en el cual le condonaban las amortizaciones correspondientes desde el año 1876 hasta 1878, a cambio de que a partir del 1° de enero de 1879 se reanude la amortización de los bonos, además de una reducción de la tasa de interés del 5% al 3%, con la garantía de la hipoteca del guano pero no la del salitre, cuyos fondos quedaban para el gobierno peruano [2]; se pensaba que la amortización de 1879 sería cuando menos del 2% [3] ó de £ 600 mil [4].

El gobierno peruano envió en 1876 a Europa al general Mariano Ignacio Prado para acordar un nuevo contrato de consignación de guano que garantice el pago de los bonos peruanos [5]. Se firmó el llamado Contrato Raphael, en la cual se le daba a la empresa The Peruvian Guano Company Limited, presidida por Alexander de Laski, una consignación para la venta de 1,900,000 toneladas de guano en Europa a partir del 1° de noviembre de 1876 a cambio que proporcionase a Perú £ 700 mil anuales en mesadas por giros de £ 58,333 – 4s y con el producto resultante en 1877 y 1878, descontando comisiones de la empresa y las mesadas a Perú, se proceda a depositar en el Banco de Londres para pagar la cuota de los bonos correspondientes al 1° de enero de 1879.

Desde un principio hubo oposición por parte de un grupo de tenedores británicos agrupados en el International Committee of Peruvian Bondholders o Comité Internacional de Tenedores de Bonos Peruanos, presidido por James Croyle, que pidió la anulación del contrato, porque preveía que el saldo de la venta de guano no iba a ser suficiente para reanudar el pago de los bonos en 1879 [6]. También se acusó al Presidente Prado de cobrar S/. 100 por buque fletado para cargar guano[7], siendo desmentido en carta del coronel Jara Almonte, Encargado de Negocios del Perú en Inglaterra[8]; recordemos que fue Prado el que firmó el Contrato Raphael antes de que sea Presidente del Perú. Otro que atacó el Contrato Raphael fue Piérola, que anunció que su gobierno lo desconocería[9].

La Peruvian Guano tuvo problemas para vender el guano en Europa porque tenía la competencia de Dreyfus, que debido a su anterior contrato de guano con Perú, tenía en stock miles de toneladas de guano. Dreyfus ofrecía guano de mejor calidad a igual o menor precio que la Peruvian Guano.

Debido al déficit del presupuesto nacional de Perú, el gobierno había utilizado en 1877 todas las letras de la Peruvian Guano correspondientes a los años 1877 y 1878, adelantos por los que la Peruvian Guano se tenía que cobrar con intereses por medio de la venta de guano, que era muy poca. Hasta el 30 de junio de 1878, la Peruvian Guano había vendido 106,135 toneladas de guano con ingresos de £ 981,434 y una existencia de 232,794 toneladas de guano [10], insuficiente para asegurar el pago a los tenedores de bonos el 1° de enero de 1879.

El gobierno Peruano envió a Europa Carlos Pividal, nombrado Ministro Plenipotenciario de Perú en Inglaterra, y al 2° Vicepresidente José Canevaro, para que alcanzaran un nuevo acuerdo para obtener fondos para el erario nacional y garantizar el pago a los tenedores de bonos, utilizando como garantía los depósitos de guano y salitre, arribando a Londres el 15 de diciembre de 1878.

Se sucedieron varias críticas en diciembre de 1878 contra el Comité de Tenedores de Bonos Peruanos de Sir Charles Russell, principalmente de James Croyle, Presidente del grupo antagonista Comité Internacional de Tenedores de Bonos Peruanos, que no sólo agrupaba a británicos como el de Russell, sino también tenía una sección belga presidida por Louis Godderis y una sección francesa presidida por P. Bouillet. Croyle exigía al gobierno británico que la Peruvian Guano no entregue la anualidad de £ 700 mil al Perú sino a los tenedores de bonos [11], mientras Godderis pedía que no se reconozca ningún acuerdo entre el Comité de Russell y el Gobierno Peruano. También A. L. Wensbain, Presidente del Comité de Tenedores de Bonos Peruanos en los Países Bajos, le escribió el 27 de diciembre de 1878 a Canevaro que los productos del salitre también forman parte de la garantía a los tenedores [12]. Mientras Bruce, hijos y Jackson, procuradores del Comité de Russell, anunciaban que estaban en negociaciones con el Gobierno Peruano [13]; los Sres. Markby, Stewat y Cª, procuradores del Comité de Croyle, notificaron a Sir Charles Russell y a los demás miembros de su comité, como también a Sir James Fergusson y al Sr. Hopkinson, fideicomisario, haciéndolos responsables por la pérdida de los tenedores de bonos, pidiendo que se les transfiera el equivalente al guano extraído por el Contrato Raphael, que no había sido aplicado en pagar los intereses a los tenedores de bonos como correspondía [14].

La solución más pronta que pudo hallar el Perú no fue obtenida por Pividal o Canevaro en Londres, sino en Lima, cuando el Gobierno acordó que de las mesadas que giraba la Peruvian Guano, se destinara £ 25 mil, es decir, £ 300 mil al año, para el pago a los tenedores de bonos, mediante decreto del 7 de enero de 1879. A pesar de que la suma anual destinada era muy inferior a las cuotas semestrales, el Gobierno Británico se mostró satisfecho por la medida [15]. Lamentablemente, la Peruvian Guano no honró sus compromisos, siendo esto previsible debido a la escasa venta de guano; aún así, el Gobierno Peruano recibía giros mensuales por £ 33,333 – 4s [16], es decir, se le descontaba para pagar a los tenedores de bonos. Para 1886, los tenedores de bonos peruanos todavía estaban litigando contra la Peruvian Guano Company para que le entregue las £ 300 mil que debió entregarle en 1879 [17].

Fue en esta terrible situación que Perú fue sorprendido por la declaratoria de guerra de Chile, país que estaba bien enterado de la crisis financiera peruana.

Perú había llegado a esta situación porque desde el gobierno de Castilla (el primero en elaborar un presupuesto) tenía déficit presupuestal y siempre en años anteriores había comprometido la hipoteca del guano en diversos créditos, sin preveer que el precio del guano podía disminuir porque la calidad de este no era uniforme en todo el Perú o por la competencia de otros abonos en base a nitratos. También fue la inversión en ferrocarriles durante el gobierno de Balta, bastante desmesurada, que a mediano plazo no producía las utilidades que se habían previsto (se pensaba pagar la deuda externa con los ingresos de los ferrocarriles) y fue una carga más para el erario nacional.

Es necesario que el país siempre tenga una fortaleza fiscal y este al día en el pago a sus acreedores, para que no se repita lo que sucedió en el siglo XIX.

Notas
[1] En El Comercio del 20 de enero y 3 de febrero de 1879, se traducen varias editoriales y cartas de diarios europeos utilizados como fuente para la presente investigación.
[2] Public Record Office. 1882. Correspondence respecting the claims of Peruvian Bondholders: 1877 – 1882, Confidential N° 4773, p. 2. Carta de Sir C. Russell a Lord Tenterden del 11 de diciembre de 1877.
[3] Times de Londres del 12 de diciembre de 1878.
[4] El Comercio del 20 de enero de 1879.
[5] Jorge Basadre. 1998. Historia de la República del Perú, T. VI, p. 1434.
[6] Daily Telegraph de Londres del 10 de diciembre de 1878.
[7] Daily Telegraph de Londres del 12 de diciembre de 1878.
[8] Daily Telegraph de Londres del 16 de diciembre de 1878.
[9] Jorge Basadre, Op. Cit., pp. 1482 - 1483.
[10] Times de Londres del 30 de noviembre de 1878.
[11] El Comercio del 20 de enero de 1879.
[12] El Comercio del 3 de febrero de 1879.
[13] Daily Telegraph de Londres del 12 de diciembre de 1878.
[14] Daily Telegraph de Londres del 14 de diciembre de 1878.
[15] Public Record Office, Op. Cit., p. 5. Carta de Sir J. Pauncefote a Sir C. Russell del 21 de abril de 1879.
[16] José María Químper. 1881. Manifiesto del Ex Ministro de Hacienda y Comercio, p. 12.
[17] The Peruvian Bondholders Committee. 1886. Report of the Peruvian Bondholders’ Committee to the holders of bonds registered and deposited in accordance with the Decree of the Chilian Government, p. 15.